24 de noviembre de 2012

Cuentos de otoño: La casa de los mil espejos


Hace tiempo, en un lejano pueblo, había una casa abandonada.
Cierto día, un cachorro, buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero en el portón de la vivienda. Subió lentamente las viejas escaleras de madera hasta que se topó con una puerta semi-abierta: y se adentró en el cuarto, cautelosamente.

Con gran sorpresa, se dio cuenta que dentro de esa habitación había mil perritos más observándolo tan fijamente como él a ellos, y vio asombrado que todos los cachorros comenzaron a mover la cola, exactamente en el momento en que él manifestó alegría.

Luego ladró festivamente a uno de ellos y el conjunto de canes le respondió de manera orquestada, idéntica. 
Todos sonreían y sentían como él.

Cuando se retiró del cuarto se quedó pensando en lo agradable que le había resultado conocer el lugar y se dijo: " Volveré más seguido por aquí."

Pasado un tiempo, otro perro callejero llegó al mismo lugar. A diferencia del primer visitante al ver a todos los congéneres del cuarto, se sintió amenazado, ya que lo miraban de manera agresiva, con desconfianza.


Empezó a gruñir; y vio, extrañado, como los otros mil perritos hacían lo mismo que él.

Comenzó a ladrarles y los otros también hicieron lo mismo ruidosamente.
Cuando salió del cuarto pensó: "Que lugar tan horrible es este. Nunca regresaré."


Ninguno de los canes callejeros alcanzó a reparar en el letrero instalado en el frente de la misteriosa mansión": "La casa de los mil espejos." 

                                                                        de Enrique Mariscal

...

No hay mayor felicidad que la de ver en tu rostro reflejada mi sonrisa.


Los rostros que observamos del mundo son miles de espejos. Tu mirada, lo que observen tus ojos, es todo lo que consigues obtener de la realidad. Cada percepción que tenemos, y son miles, demuestra las posibilidades de proyección y de aprendizaje que nos permitimos tener.
Las cosas más bellas de la vida no se ven, se captan y se proyectan con el corazón.
Si las puertas de la percepción estuviesen totalmente abiertas descubriríamos que navegamos en el infinito... sería como navegar sin rumbo. Afortunadamente están semi-cerradas, lo que nos permite filtrar lo que el infinito nos ofrece. 


La vida, al igual que el eco, o el espejo, nos devuelve lo que hacemos, lo que somos...

Consigue un espejo, sonríele al personaje que aparece en él y no te enojes ni te asustes si te contesta con una divina carcajada... seguro que te la mereces.



José Manuel Párraga





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