29 de diciembre de 2012

Cuentos de mi vida: "El número de mi vida"


"El número de mi vida"
Levanté la cabeza entre ojos llorosos… y allí estaba. Sonreí a pesar de la pena de la pérdida. Una vez más pasaba a formar parte de los episodios más importantes de mi vida. Sentí que me abrazabas. ¡Ay!, ese número.
Desde pequeño me acompañaba en los listados del cole, siempre coincidía. Me acompañó en mi comunión y creo que hasta en mi bautizo.
Pero ese día más que nunca noté su abrazo…. Y desde ese momento quedó inexorablemente vinculado a ti… Papá.
Ahora siento dolor pero una enorme alegría… creo que me  has salvado la vida… tú y mi número.
Pude notar como algo o alguien puso las manos en mi cara para no sufrir daño… bendito accidente.
… todo comenzó la tarde anterior. Compras de navidad, carros de moneda, pero claro una vez más sin monedas, ¡malditas tarjetas!
Me acerqué al puesto de la vendedora de la lotería cercano y pedí un número para ese sábado, extraño en mí, no soy de los que confían su suerte a la suerte, pero claro necesitaba una moneda.
Una mujer agradable con sonrisa firme, como haciendo significativo ese momento de vender suerte extendió el boleto de la once hacía mi… tenía varios montones  de boletos pero tuvo que ser ese.
Y allí estaba otra vez... mi número. ¡Terminaba en mi número! Y claro no pude pensar más que… ¡esta noche me toca seguro!
Compras, compras y más compras… y vuelta a casa.
A la mañana siguiente, no sabía qué hacer, a que dedicar mi tiempo… correr, pasear, escuchar música, que se yo. Al final nada más allá que compartir momentos con amigos de redes sociales que tan cercanos están sin saberlo.
Se acercaba la tarde y necesitaba escapar de mi… agarré la bici y me lancé al mundo. Era una tarde sombría, lluviosa, oscura pero son de esas tardes que me encantan… porque no duran para siempre… Oh, pero si no he mirado el número premiado de ayer… y si soy ¡rico!
Corrí al ordenador enjutado en mi ropa de ciclista con chubasquero y todo…  y busqué, pero NO, no tuve suerte…
Maldita valla… cuando la ví ya era tarde… decidí sujetar fuertemente a mi amiga de dos ruedas y que pase lo que pase.
Se me había vuelto demasiado oscura y lluviosa la tarde y volvía con prisas a casa… y no me acordé de esa valla en medio de la carretera. Y eso que durante las más de 3 horas que pasé entre caminos y recuerdos fui feliz y a la vez infeliz… la vida misma. Me acordé de ti… siempre me acuerdo de ti cuando paso con la bici por el mismo punto, por el mismo sitio…
Pensaba en ti y en los paseos que no pudimos dar juntos, y que sé que te hubieran gustado... y  a mí… Pero ya te habías ido… sólo me quedaba tu recuerdo y mi número asociado a ti.
Maldita valla… y tuve miedo…, no sabía cuál podría ser el resultado de la caída…
Pues de cara…, caí de cara, cuello y frente, y mi amiga a más de 10 metros de mi… pero sentí tus manos en mi cara, tus manos labradas por tu trabajo con el hierro de toda la vida, tus manos erosionadas por el tiempo y por esa alergia que te provocaba tanta incomodidad…,  sentí tus manos… de otra manera hubiera sido mi triste final.
Me pude incorporar y sujetarme el labio ensangrentado…  y me senté en el asfalto mojado con el agua cayendo sobre mi chubasquero… y sonreí. ¡Qué leche más tonta! Y esa valla ¡quién la ha puesto ahí!  Siempre estaba, pero ¡quien me manda a mí hacer la ruta al revés!. No se puede ir al revés de cómo vas siempre… recordé.
Tras unos minutos de dolor, de intenso dolor…  pude andar unos  metros… busqué en el bolsillo derecho de mi chubasquero el móvil en el que aún sonaba la música que siempre me gusta que me acompañe y conseguí con mis dedos maltrechos apagarlo.
Y me acordé, de que llevaba las gafas en el bolsillo izquierdo, introduje la mano… gafas rotas… pero junto a ellas el boleto de la lotería sin premio… y ahí estaba de nuevo mi número, manchado de rojo por las heridas de mis manos. Decididamente ese boleto me trajo la suerte, la Buena Suerte.
No me tocó el día anterior, me tocó cuando me tenía que tocar… ese número vinculado a la memoria de mi padre… ese número que se encuentra en el camposanto donde por última vez le di el último adiós terrenal. Encima de su lápida… el 28.
Mire el reloj, sabéis ¿qué hora era?.
Las 17,28.

4 comentarios:

  1. Toda historia es un paso en el camino de la espiritualidad.

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    1. ... y todo paso es una huella que perdura en el tiempo.

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  2. Que orgullosa me siento de tener un amigo como tú ¨Eres genial

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  3. Gracias anónima... y seguro que es recíproco. ¿?

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